¿Es posible disfrutar de una perla del Atlántico deshabitada y que fue refugio de lobos marinos? Sí. Solo hay que ir a Fuerteventura, coger un barco en Corralejo y llegar 20 minutos después al Puertito de Lobos, una zona con algunas casas en un pequeño islote casi virgen de 4,5 kilómetros cuadrados. Diversas y preciosistas piscinas naturales regalan un azul cristalino, aguas generalmente tranquilas, baños relajantes y la opción de practicar el snorkel en una isla que ofrece un restaurante, pero, sobre todo, sosiego. Mucho sosiego.