La atleta sueca, icono mundial del skyrunning, regresó a la Transvulcania una década después de su última victoria. Entre la bruma de los pinares y el rugido del Atlántico en Tazacorte, Forsberg nos relata por qué La Palma sigue siendo para ella el escenario donde el deporte se funde con la más pura libertad.
Para Emelie Forsberg (Suecia, 1986), la montaña no es solo un terreno de competición; es su lenguaje. Tras años dominando las cumbres más exigentes del planeta, la corredora de Skellefteå ha vuelto a calzarse las zapatillas en un lugar que define como "mágico". Diez años después de firmar su doblete histórico en la distancia Ultra de la Transvulcania, Emelie regresó a La Palma para reencontrarse con esa "Isla Bonita" que, según confiesa, parece haberla esperado intacta, con su energía volcánica y sus contrastes inimaginables.
"Vine con ganas de explorar y sentí una calidez inmediata. La Palma es una isla acogedora en todos los sentidos"
La trayectoria de Forsberg no comenzó con el cronómetro, sino con el tacto de la piedra. "En mi adolescencia practicaba escalada, pero pronto me di cuenta de que correr por montañas accesibles me daba una enorme sensación de libertad", explica. Esa búsqueda de ligereza —solo unas zapatillas y el horizonte— fue precisamente lo que la trajo por primera vez a las Islas Canarias, siguiendo los pasos de otros pioneros del trail que ya hablaban maravillas del archipiélago.
Esa curiosidad por explorar nuevos límites encontró su escenario ideal en La Palma, donde hablar de trail running es, inevitablemente, hablar de la Transvulcania. Esta prueba, que en palabras de la atleta sueca es ya una "auténtica leyenda" del deporte mundial, se presenta para cualquier corredor como la excusa perfecta para conocer un territorio que desafía los sentidos.
Es en ese desafío donde la isla despliega su mayor atractivo, pues a pesar de haber competido en los Alpes y en las cordilleras más remotas del mundo, Forsberg insiste en que las Islas Canarias ofrecen algo único como la capacidad de atravesar múltiples microclimas en apenas unos kilómetros. "Puedes empezar al nivel del mar y terminar subiendo picos como el Roque de los Muchachos, atravesando pinares y volcanes. Es increíble", afirma convencida de la singularidad de este entorno.
Pero la conexión de Emelie con la "Isla Bonita" no termina en el esfuerzo físico; trasciende a lo sensorial una vez se baja de las cumbres. Al preguntarle qué sabores se llevaría de vuelta a Suecia tras la carrera, la respuesta es inmediata: el queso de cabra palmero, los tradicionales dulces de almendra y, por supuesto, el Plátano de Canarias, el combustible natural por excelencia para cualquier deportista que decida enfrentarse a la orografía de las Islas.
Tras siete años alejada de las distancias ultra, volver a la Transvulcania ha sido para ella un viaje emocional. Aunque reconoce haber sufrido con el termómetro en las zonas más áridas, la recompensa emocional compensa cualquier esfuerzo. "Es un lugar de contrastes: terrenos volcánicos duros y horizontes suaves junto al océano".
Para quienes buscan una experiencia auténtica, La Palma no es solo un destino de vacaciones; es, como bien resume Emelie Forsberg, "una atmósfera que te hace sentir viva".