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Todos los secretos ocultos en Caldera Blanca, Lanzarote

¿Preparados para ver un volcán?

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Pasear por un volcán es una experiencia única que te integra en el entorno. La grandeza y majestuosidad de la naturaleza se abre frente a nosotros, pero admirándola desde un lugar tan especial como un cráter podemos llegar a sentir que formamos parte de ella. Los aficionados al trekking y los amantes de los entornos naturales disfrutarán descubriendo Caldera Blanca, una ruta de libre acceso para recorrer estos mágicos senderos a nuestro aire.
Situado en el oeste de la isla de Lanzarote, el sendero de Caldera Blanca nos lleva hasta la cima de un volcán, cuyo cráter mide unos 1200 metros de diámetro

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Así pues, una vez alcanzada la cima, las vistas te dejarán boquiabierto. La ruta de Caldera Blanca comienza en la iglesia de los Dolores, en el municipio de Tinajo. El santuario se encuentra en el límite norte que marca el final de una de las lenguas de lava del volcán Timanfaya y allí arranca un trayecto de diez kilómetros (ida y vuelta) sin gran desnivel que combina sendero, pista y asfalto. Es una ruta apta para todos los públicos, pero hay que ir equipado con ropa y calzado adecuados, protegerse con crema solar y llevarse bebida -y algo de comida- para afrontar un recorrido de unas tres horas.
El sendero bordea el volcán La Caldereta y continúa hacia el volcán Caldera Blanca, situado justo detrás (uno es mayor que el otro). El tamaño y altura de los volcanes La Caldereta y Montaña Blanca provocaron que las lavas procedentes de la erupción de Timanfaya crearan a su alrededor inmensos mares de lava de un intenso color negro. El camino avanza atravesando este inmenso mar negro y, según vamos subiendo, aparecen ante nosotros unas increíbles vistas con el mar de fondo. Es muy importante no abandonar los caminos trazados, ya que andar sobre los líquenes -uno de los pocos organismos capaces de sobrevivir bajo unas condiciones tan adversas como las de esta zona- supondría destruir cientos de años de vida con una sola pisada.
La Caldereta es el primer volcán que encontramos después de unos 25 minutos de caminata. Tiene una altura de 324 metros y su cráter mide algo más de 300 metros de diámetro. No es totalmente redondo, sino más bien elíptico y de ahí viene su nombre, porque recuerda a un gran recipiente o caldero. Uno de los laterales del cráter está erosionado, por lo que podemos asomarnos para contemplar el interior. Una curiosidad es que dentro de él se desarrollaron actividades como la agricultura y la ganadería durante la primera mitad del siglo XX, ya que el cráter actuaba como recipiente y recogía el agua de las escasas lluvias de la zona, además de quedar resguardado del viento.

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Dejamos atrás La Caldereta y proseguimos el camino hacia el volcán Caldera Blanca, situado a 458 metros de altitud. El camino que separa los dos volcanes está formado por tobas blanquecinas -de ahí el topónimo de Caldera Blanca-, un tipo de roca volcánica de consistencia porosa formada por una acumulación de cenizas y otros elementos que se alternan formando diferentes capas.
Admira las increíbles vistas que nos regala la ascensión a Caldera Blanca, una imagen que seguro quedará grabada en tu retina. Esta es una de esas ocasiones en las que aquella frase que dice “disfruta del camino” cobra todo su sentido. Y, como todo esfuerzo tiene su recompensa, poco después encontramos una gran boca que se abre ante nosotros. Se trata del enorme cráter de Caldera Blanca, de poco más de un kilómetro de diámetro, y con una forma redonda prácticamente perfecta. Bordear el cráter y contemplar las vistas panorámicas es, simplemente, un regalo de la naturaleza.
Completar el sendero de Caldera Blanca significa disfrutar de la inmensidad. No lo dudes y adéntrate en uno de los rincones más increíbles de Lanzarote.