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¿Te vas de luna de miel? No te pierdas los atardeceres de Tenerife

Hay momentos únicos en la vida: un atardecer impresionante, una luna de miel… ¿por qué no combinarlos en Tenerife?

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Disfrutar de magníficas puestas de sol en Tenerife es casi tan fácil como enamorarse de esta isla canaria, de sus gentes, tradiciones, cultura y gastronomía. Entre mar y montaña, paisajes de exuberante vegetación contrastan con parajes volcánicos de abruptas siluetas, cuando los últimos rayos del sol bañan sus tierras y sus costas, se descubre una nueva cara de Tenerife. Llena de energía, mágica y, por supuesto, romántica. Como cada atardecer es diferente, os proponemos 9 enclaves que os ofrecerán un espectáculo natural único cuando acaba el día.

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Desde la playa de La Tejita se puede contemplar un fenómeno único. La naturaleza se convierte aquí en la gran maestra de ceremonias ofreciendo un espectáculo mágico al atardecer. Es cuando los últimos rayos del sol comulgan con la tierra de la Montaña Roja en un intento de resaltar su majestuosidad y esplendor, con una espectacular explosión de colores. Hasta el día siguiente…

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La Playa Jardín de Puerto de la Cruz, ubicada en el norte de Tenerife, es uno de los hotspots favoritos de residentes y visitantes para disfrutar de unas puestas de sol de elocuente belleza. Fácilmente accesible andando desde el centro, es un paseo que recomendamos al final de la tarde, cuando los colores del cielo contrastan con la arena negra y dejan vislumbrar en el horizonte las siluetas y sombras de la urbe. Como guinda, no hay nada mejor que disfrutar de la tranquilidad que ofrece esta zona con un último baño.

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Una experiencia que, sin duda, cada cual debería vivir (y ver) una vez en la vida. Si vuestra luna de miel incluye actividades de senderismo, solo podemos recomendaros vivamente subir a la cima del volcán del Teide (andando o en teleférico), con noche incluida en el refugio de montaña. Desde allí, observaremos cómo un mar de nubes invade las inmediaciones para servir de escenario a la que es, sin duda, una de las más espectaculares puestas de sol que disfrutaréis en la vida. Roza el surrealismo y, sin embargo, no estaréis soñando…

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Otra forma de casi, casi, tocar el cielo y ver cómo las nubes, el mar, el Valle de La Orotava, el Teide y el sol bailan juntos es subir al Mirador de Chipeque. No se nos ocurre mejor plan para acabar el día que desde los 1830 metros sobre el nivel del mar.

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En el Parque Rural de Anaga, que además es Reserva de la Biosfera, se encuentra la playa de Benijo, uno de los enclaves más fotogénicos de las Islas Canarias. Rendida a la inmensidad del Atlántico, de arenal negro, silueteada por barrancos y picos, y con rocas que parecen recordar que la naturaleza es la única dueña de este lugar, cuando anochece en este hermoso lugar los colores rojizos del cielo vienen a dar vida a las geometrías volcánicas como por arte de magia.

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En el sur de la isla se ubica el núcleo turístico de Las Américas. En su paseo marítimo, arte –con la conocida escultura La trampa del viento– y naturaleza se funden para despedir el día en un baile de formas y colores. Una ubicación bastante concurrida, pero con mucho carácter.

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Pocos lugares ofrecen tanta intimidad como El Puertito de Adeje. Cuando el día se acerca a su ocaso, la silenciosa tranquilidad la convierte en una localización privilegiada para contemplar uno de estos bellos atardeceres que ofrece la isla de Tenerife.

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Un clásico entre quienes buscan los lugares más románticos de Tenerife. Cuando el día toca a su fin, y la paz llega a las piscinas naturales de Bajamar, en el municipio de San Cristóbal de La Laguna, que se vacían de visitantes, el sol se despide del agua y, de paso, despierta puro magnetismo.

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Un rincón muy especial y lleno de encanto. El faro de Teno, impregnado de esta poesía que caracteriza semejantes construcciones, se encuentra en un enclave donde el azul del océano contrasta con los colores de la vegetación, el exuberante cielo rosa al atardecer y las sombras de las rocas volcánicas que se alzan como para reclamar su protagonismo… Ideal para quienes buscan silencio y calma para escuchar el vaivén de las olas y las pulsaciones del corazón enamorado mientras la vista se pierde en el horizonte. Un último regalo: cuando el sol se esconde tras la silueta del faro.