Los exquisitos vinos que nacen sobre las cenizas de un volcán

Una tradición vinícola que resurge de las cenizas

En las Islas Canarias se encuentran los viñedos más antiguos del viejo continente y variedades de uvas únicas en el mundo, ya que fue uno de los pocos lugares donde no llegó la filoxera, una plaga que destruyó todas las cepas europeas en el siglo XIX. Un buen ejemplo de esta tradición vinícola lo encontramos en la pequeña zona de La Geria (Lanzarote), donde hace siglos que obran el milagro de convertir la lava en vino. Un poder con denominación de origen que es fruto de la superación.

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Visitar los campos de La Geria es como sumergirse en otro mundo. La fascinante armonía que transmiten sus cráteres, el contraste de colores… Pero debajo de la hipnótica superficie se esconde una realidad mucho más inspiradora. Hasta inicios del siglo XVIII este valle era célebre por dedicarse al cereal. Este tipo de cultivo suponía una ingeniosa solución a las pocas lluvias que la isla recibe habitualmente. Todo iba bien hasta que en 1730 el Timanfaya entró en erupción. Las cosechas quedaron cubiertas por lava y cenizas. Sin embargo, lo que para muchos podría suponer el final, para La Geria solo fue el principio.

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El origen volcánico de todo el archipiélago obliga a hacer las cosas a otro ritmo. Muchos procesos se realizan de un modo casi artesanal. Sin embargo, la riqueza de este mineral y la salinidad del Atlántico han hecho de las Islas Canarias un referente enológico en todo el mundo. En la actualidad, el territorio cuenta con once Denominaciones de Origen (cinco de ellas en Tenerife) y se han identificado genéticamente más de 130 variedades diferentes de uva. Esta labor incansable ha recibido el reconocimiento internacional a lo largo de los siglos.  

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Cuanto mayor es el esfuerzo, mejor es el fruto. Lo que para muchos podría parecer una frase de autoayuda, en esta isla es parte de su identidad. Los agricultores de esta zona llevan cientos de años trabajando en laderas de vértigo para cultivar la Forastera Gomera, una variedad única muy apreciada a nivel enológico por su característica acidez. El mejor maridaje para estos vinos son sus paisajes, pero pudiendo elegir entre espectaculares bancales de roca, panorámicas del valle o un atardecer disfrutando del océano, resulta difícil decidirse por cuál.