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De roca y mar: charcos que no te puedes perder en El Hierro

Las piscinas naturales de El Hierro son el alma de la isla,
¿Sabes a cuáles debes ir?

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El Hierro es la más occidental de las ocho islas del archipiélago canario. Su pequeño tamaño, pues apenas cuenta con 269 kilómetros cuadrados, no es impedimento para encontrar increíbles atractivos en su territorio. Sin duda, esta isla Reserva de la Biosfera es un verdadero paraíso natural. Y lo mejor es que puede disfrutarse en cualquier época del año, porque la fortuna de esta y las demás Islas Canarias es su clima benigno, con pocas lluvias y una temperatura media anual de 24º C sin apenas variaciones. Hay tantas cosas que ver y disfrutar en El Hierro… Y los charcos son una de ellas. En cualquier lista sobre hotspots de la isla siempre aparece alguna de estas piscinas naturales.

Producto de la erosión

Pero es normal, porque estos remansos protegidos del embate de las olas que se forman en algunos tramos de la costa son espectaculares. Se han ido moldeando caprichosamente por efecto de la erosión con el paso de los años, de los lustros, de las décadas, de los siglos, de los milenios. Difícil encontrar tantos y tan variados en otros lugares, así que vale la pena acercarse a alguno de ellos. Son rincones donde bañarse tranquilamente, sin estar pendiente del vaivén de las olas ni de las corrientes.

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Es uno de los más famosos de El Hierro, y quizá el más fotografiado. Se encuentra en el norte de la isla, en el Valle de El Golfo, y se accede a él por una cómoda escalera. Destaca la enorme roca que hace de barrera, de paraguas, de muralla, y que permite que los baños sean propios del mejor y más tranquilo de los spas, con el rumor de fondo de las olas jugueteando al otro lado, a mar abierto. El agua es transparente y la paz absoluta. Y tras el relajante chapuzón podemos descansar y tomar el sol en el solárium de madera.

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Muy cerca del Charco Azul -a 4 kilómetros de distancia y bien señalizado por carretera- y de las piscinas naturales de La Maceta, esta otra joya de la naturaleza tiene unas aguas de azul turquesa que invitan al baño. Un entorno salvaje donde el color oscuro de las rocas volcánicas contrasta con los tonos del mar y del cielo. Una auténtica fantasía.

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En el norte de la isla de El Hierro, en el municipio de Frontera, La Maceta es un conjunto de piscinas naturales de diferentes profundidades en las que se puede gozar de un baño (o muchos) tranquila y cómodamente gracias a su fácil acceso a través de escaleras y barandillas. Una vez en el agua, la sensación de infinity pool es de las que quedan grabadas en el alma. Cuenta con una zona habilitada para tumbarse al sol y sus alrededores están equipados con zonas de aparcamiento y pícnic, además de agua potable.

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Difícil decidir qué es más bello, si el propio Charco Manso, que cuenta con solárium, o el camino que lleva hasta él. Se baja por un espectacular cono volcánico de piroclastos (pequeños fragmentos de material volcánico que salen expulsados durante una erupción y que en las Islas Canarias llaman picón) de color rojizo. Ese tramo de costa basáltica es precioso, ya que tiene arcos naturales, pequeñas cuevas y orificios sobre los que rompe el mar formando chorros de agua que parecen géiseres.

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Esta piscina natural, perfectamente acondicionada para el baño, es popular entre herreños y turistas que caminan por un sendero hasta la casi desierta cala del mismo nombre. Está cerca de La Restinga, en el suroeste de la isla y cerca del Mar de Las Calmas, una de las tres Reservas Marinas de las Islas Canarias y, como se puede intuir, donde las aguas del Atlántico están más tranquilas.

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El municipio de Valverde, en el noreste de El Hierro, cuenta con un refrescante atractivo: el Pozo de las Calcosas, una pequeña bahía natural cerrada por un acantilado. Pero no es el único atractivo de este lugar. Allí, bajo la mirada de una escultura de Neptuno realizada con materiales reciclados, se puede descubrir el tipo de construcción ancestral de las viviendas, con paredes de piedra volcánica y tejados de colmo, un material vegetal actualmente en desuso.

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La piscina natural de Tamaduste parece incrustada entre las casas del pueblo. Este enorme charco de aguas cristalinas está perfectamente acondicionado para el baño y tiene un “secreto”, una curiosidad, una sorpresa: al fondo está la llamada cueva de las barcas, un refugio en seco para las embarcaciones de los habitantes de la zona.