Bienmesabe y otras delicias de La Palma

Guía para conocer los postres típicos de la Isla Bonita

En la historia de La Palma el azúcar y los dulces siempre han jugado un papel fundamental. No en vano el primer cultivo de exportación, llegado de la mano de los colonos flamencos, portugueses y andaluces que se establecieron a principios del siglo XVI, fue la caña de azúcar. La repostería es el mayor tesoro de la gastronomía de una isla a la que las crisis de cañaverales y trapiches obligaron a transformar el azúcar en dulces, mermeladas, conservas, bizcochos y rosquetes.

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Más allá de su naturaleza y su riqueza cultural, La Palma es conocida por su gran variedad de dulces y postres tradicionales. Realizados de forma artesanal, en hornos de leña, para degustarlos basta con acercarse a algunos de los Mercadillos del Agricultor presentes en la isla, o probarlos al final de una comida en un restaurante, incluso adquirirlos en pequeñas ventas, tiendas y supermercados. Hechos a base de almendra, con canela o limón la oferta es tan amplia como deliciosa. Esta es una guía de los dulces más famosos de la isla.

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El Bienmesabe es el postre preferido por la mayoría de los habitantes y por quienes la visitan. Es una delicia de tradición cien por cien palmera que se realiza a base de almendras molidas, bizcocho, azúcar, ralladura de limón, y huevos. Es habitual comerlo acompañado de una bola de helado de vainilla.

Otro postre que ha ido ganando adeptos es el llamado Príncipe Alberto. Está hecho a base de chocolate, almendras y bizcocho. A esta delicia se le añade al gusto nata montada, con lo que se incrementa su sabor.

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Los almendrados tienen un secreto, el sabor de la almendra se nota mucho más y son crujientes y tiernos a la vez. Se fabrican en forma redonda y están hechos a base de almendra.

Las rapaduras son muy divertidas de ver y mucho más de comer. Tienen forma cónica y sus ingredientes principales son la miel de caña, gofio, azúcar, almendra, canela y limón; de ésta surgen otras variedades como rapaduras de leche, de chocolate, de coco y de huevo.

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Algo que es muy típico de La Palma es el pan de leche, que se realiza con harina y leche cuajada, azúcar, huevos, canela y ralladura de limón. Y no podemos dejar de mencionar el queso de almendra, con huevos, ralladura de limón y canela, además de las almendras. También se recomienda comer, simplemente, un helado al borde del mar, preparado de forma artesanal.

Se habla mucho sobre si el Barraquito nació en La Palma o en Tenerife, pero en la Isla Bonita se asegura que fue un palmero el primero que lo preparó. Aunque es un café es también una delicia, porque se le añade leche condensada, un poquito de piel de limón, canela y Licor 43 al gusto.

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Hay un dulce que no puede faltar nunca en las mesas palmeras en navidad, especialmente para desayunar el día de año nuevo y el de reyes: el pan de manteca o "roscas" como también lo conocen los palmeros.

También las sopas de miel son típicas de La Palma y se hacen para la época de Carnavales, sobre todo para los Indianos. Las abuelas han pasado la receta de generación en generación para comer en las casas y para ofrecerlas a las visitas. Este postre proviene de los trabajadores en los antiguos cañaverales de la isla. Ellos mojaban el pan en la ‘sopa’ del jarabe de la caña de azúcar. Hoy en día, se preparan con este mismo jarabe o se utiliza también miel de abejas y almendras machacadas, no trituradas y tostadas.

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El marquesote palmero es un dulce para llenarse la boca y, de hecho, desbordar con él. Se trata de unos bizcochos de harina de trigo, huevos y azúcar, cortados en forma de rombos, ensopados unos con un almíbar melado y cubiertos otros con claras a punto de nieve.

La fama de estos dulces se remonta hace siglos. Fue en siglo XIX cuando los dulces llegaron a las mesas del Vaticano. En 1823 visitó La Palma, de paso hacia Chile, el canónigo italiano Juan María Mastai Ferreti, más tarde nombrado Papa con el nombre de Pío IX. En su estancia en la isla, Luis Van de Walle, marqués de Guisla, le ofreció un desayuno con repostería local. Se cuenta que el canónigo mostró predilección por unos pequeños marquesotes, sin melar y rellenos de crema azucarada. Tras su elección como Papa, en La Palma se popularizaron estos dulces con el nombre de piononos; según Luis Van de Walle, “se llaman piononos desde que el cardenal Mastaj accedió al papado y aprovecharemos cualquier ocasión para remitirlos a Roma, para que alivien las inquietudes que ahora vive el mundo cristiano”.

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