Las Islas Canarias han sido, desde hace más de dos siglos, un lugar de inspiración para naturalistas, exploradores y amantes de las aves. Su posición en mitad del Atlántico, la diversidad de paisajes y la presencia de especies únicas en el mundo han convertido el archipiélago en un auténtico laboratorio natural que sigue fascinando hoy tanto como en el pasado.
Humboldt, Berthelot y Barker-Webb: los primeros enamorados de la biodiversidad canaria
Para Alexander von Humboldt, su escala en Tenerife en 1799 fue una de las más memorables de su viaje hacia América. El ascenso al Teide marcó para él una nueva manera de entender la naturaleza: un sistema interconectado en el que clima, volcanes, flora y fauna se influyen mutuamente. Esa mirada global inspiró a generaciones de naturalistas.
Pocos años después, Sabin Berthelot y Philip Barker-Webb dedicaron largos periodos al estudio detallado de la naturaleza canaria. Berthelot, profundamente enamorado del archipiélago —hasta el punto de residir en él buena parte de su vida—, investigó en campos tan diversos como la botánica, la zoología y la etnografía.
Junto a Barker-Webb recorrió las Islas entre 1822 y 1830, realizando observaciones de campo que darían lugar a la monumental Historia Natural de las Islas Canarias (1836–1850), obra clave para que Europa comprendiera la singularidad biológica del archipiélago.
Exploradores y ornitólogos que ampliaron el mapa naturalista
El interés por la fauna —y especialmente por las aves— atrajo también a otros protagonistas de la historia natural:
- Alfred Russel Wallace, coautor de la teoría de la evolución, nunca visitó las Islas, pero las utilizó como ejemplo de colonización insular y endemismos, contribuyendo a que muchos naturalistas europeos viajaran atraídos por su biodiversidad.
- Richard F. Burton, explorador británico, recorrió el archipiélago en 1880. En To the Gold Coast for Gold describe el paisaje volcánico y menciona la abundancia de aves en los bosques húmedos del norte.
- Edwin Dodgshun, ornitólogo inglés del siglo XIX, visitó Tenerife y recopiló algunos de los primeros listados de aves de la isla, destacando especies únicas como el pinzón azul o las palomas de la laurisilva.
- David Armitage Bannerman, uno de los grandes ornitólogos británicos del siglo XX, exploró todo el archipiélago y escribió Birds of the Atlantic Islands, obra que consolidó la importancia de las Islas Canarias en la ornitología internacional.
Todos ellos, desde miradas muy distintas, quedaron cautivados por unas islas que siguen despertando hoy la misma fascinación entre los observadores de aves.
Darwin y el sueño de explorar las Islas Canarias
Entre quienes soñaron con estudiar la naturaleza canaria estuvo también Charles Darwin. Fascinado por los relatos de Humboldt, veía en el archipiélago un lugar clave para comprender la relación entre clima, geología y biodiversidad. Le atraían la geología volcánica, la singularidad de su fauna insular y la posibilidad de estudiar una naturaleza moldeada por el aislamiento oceánico.
En 1832, durante el viaje del HMS Beagle, el barco fondeó frente a la bahía de Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, una cuarentena impuesta por un brote de peste en puertos británicos frustró el desembarco. Darwin se quedó así a las puertas del Teide, sin llegar a conocer los paisajes volcánicos ni las aves que hoy maravillan a los viajeros: los pinzones azules, las palomas de la laurisilva, el mosquitero canario o los herrerillos endémicos, especies que muy probablemente habrían despertado en él la misma curiosidad científica que los pinzones de las Galápagos.
De los cuadernos de campo a la ciencia ciudadana digital
Hoy, los viajeros que practican la observación de aves pueden seguir los pasos de aquellos naturalistas con herramientas que ellos ni siquiera podían imaginar. Las plataformas de ciencia ciudadana —como eBird, la mayor base de datos ornitológica del mundo, junto a Observation, iNaturalist u ORNITHO— permiten registrar observaciones, descubrir puntos de interés, consultar mapas de distribución en tiempo real y compartir listas con otros aficionados.
En las Islas Canarias, eBird reúne cada año miles de registros que ayudan a comprender mejor la migración de las aves, la presencia de rarezas y el estado de las especies endémicas. Gracias a estas herramientas, cualquier viajero puede convertirse en explorador y aportar datos valiosos para la conservación.