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El carnaval de Los Indianos

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La nube de polvos de talco llega hasta el tercer piso de las casas de la calle Real de Santa Cruz de La Palma. Abajo, sobre el adoquinado de la capital, una marea de 80.000 personas vestidas de época disfruta entre sones cubanos, mojitos y melaza.

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Se trata de la fiesta del Día de Los Indianos, que se celebra todos los años el lunes de Carnaval en la Isla Bonita como el mayor de los homenajes a su relación con Cuba.
Con esta peculiar fiesta se parodia la llegada de los canarios que regresaron de Latinoamérica cargados de oro, alhajas y personas de servicio en los siglos XVIII, XIX y XX. Esta locura de ilusión se traduce en diseños exclusivos de trajes blancos e infinidad de complementos que rememoran la opulencia de la clase social acomodada que disfrutaba luciendo sus riquezas. Así, el carnaval palmero se caracteriza por la elegancia “porque aquí no nos disfrazamos”, afirma la responsable del Taller Municipal de Costura, Raquel de Paz, “sino que realmente nos vestimos para Los Indianos”. Porque sorprender cada año con la vestimenta y los accesorios forma parte del frenesí de un desfile que va llevando y animando a participar, hasta quedar embargados por la euforia.

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La familia Cabrera Santos, grandes enamorados del carnaval y la parranda, decidió parodiar al emigrante que volvía de hacer Las Américas en la década de los 60 del siglo XX. “En una reunión en el Real Club Náutico de La Palma se les ocurre la idea de dedicar el lunes a algo que tuviera que ver con el carácter palmero, ya que aquí todos tenemos familiares que fueron a Cuba o Venezuela y luego retornaron”, explica Manolo Cabrera, que entonces tenía 9 años. Esa primera vez salió vestida solo la familia y unos pocos amigos, “eso sí —apostilla Cabrera—, con la ropa y las alhajas auténticas de los verdaderos indianos que todavía se guardaban en los baúles”. El Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma agradeció su contribución al carnaval con un sencillo homenaje celebrado en 2003. 

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Tras esa primera salida, la celebración creció espontáneamente gracias al desparpajo y la ilusión popular, que enseguida se sintió identificada con ella y la hizo suya. Por eso, sin convocatoria oficial, se sumaron cada año indianos de la capital, de los demás municipios y del resto de las Islas. Ya en el año 2000, las noticias de la originalidad del carnaval palmero llegaron a la Península gracias a publicaciones como las revistas El Viajero, de El País, National Geographic, o el prestigioso periódico británico The Guardian, que los ha situado entre los 10 mejores de Europa. En la actualidad, la isla palmera llega a multiplicar por cuatro su población habitual durante esta fiesta. Los Indianos arrancan la tarde del domingo de Carnaval con Los Indianitos, el encuentro para que los más pequeños disfruten también de este singular desembarco. El lunes, las familias se reúnen en sus casas para vestirse a primerísima hora, ya que los grupos musicales se dan cita desde las 09.00 horas en torno a La Alameda de la capital, la Plaza de Santo Domingo y la Plaza de España. En esta última, los fundadores de la Escuela Municipal de Teatro, Antonio Abdo y Pilar Rey, junto a la familia Cabrera, escenifican La Espera, parodia del recibimiento al indiano que se realiza a partir de las 09.30 horas en el atrio del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. 

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Otro punto de reunión es la casa de La Negra Tomasa, en la calle San José. Este personaje emblemático ha adquirido tanto protagonismo que los indianos se agolpan en el patio y toman la calzada desde temprano, “llamándome a gritos mientras mi nuera me pinta”, señala quien le da vida, Víctor Lorenzo Díaz Molina, más conocido por Sosó. “Se ha llegado a reunir tanta gente para verme salir —reconoce —, que envían ya un jeep para llevarme hasta el puerto, porque casi no puedo abrirme paso”. Allí se sube a un barco y da una vuelta por la costa hasta que regresa de nuevo a la Estación Marítima para reproducir la llegada de los indianos. La reciben el alcalde, la concejal de Fiestas de la corporación municipal y una multitud “que hasta me ha hecho llorar de la emoción al verlos”, apostilla. Tras 20 años participando en la fiesta de forma destacada, Sosó ha sido reconocido en 2018 por la corporación municipal, que le concedió la Insignia de Oro de Santa Cruz de La Palma. En 2019, de hecho, el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma encargó la creación del traje de la Negra Tomasa al diseñador habitual de la Escuela de Teatro y la Escuela de Danza municipales, Juan Carlos Martín. La ropa se confecciona en el Taller Municipal de Costura. 

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La vestimenta es tan importante en la fiesta de Los Indianos que el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma puso en marcha en 2006 los Cursos de Indianos. “Queríamos sembrar la semilla para dar el valor que se merece a la ropa, gran protagonista de la fiesta, consultando a historiadores para ajustarnos lo más posible a la realidad de aquellos días”, asegura De Paz. Los diseños son tan importantes que se llega incluso a forrar los zapatos a juego con la ropa, se confeccionan pamelas, tocados o sombreros originales y, por supuesto, se llevan las joyas, leontinas y todo el lujo que se pueda mostrar, “como los puros habanos, muy típicos”, añade. Reflejo de esta riqueza son también los billetes con los que se completa el atuendo, que sobresalen de la maleta, de los bolsillos y hasta de los sombreros. 

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La marea de indianos vestidos de blanco toma el lunes de Carnaval las principales arterias de la ciudad, que son peatonalizadas para latir al ritmo de la fiesta de Los Indianos. La comitiva que recibe a la Negra Tomasa en el puerto se desplaza por la Calle Real hasta la Plaza de España, donde diferentes agrupaciones amenizan la espera con sus temas cubanos. 

El punto culminante de la fiesta tiene lugar en torno al mediodía, con la llegada a la plaza de la Negra Tomasa y su baile desenfadado para exaltar a los miles de indianos que se reúnen para recibirla. Entonces, el alcalde capitalino, el cónsul de Cuba en Canarias y la concejal de Fiestas proceden al descubrimiento de la placa que rebautiza por un día a la plaza de España como plaza de La Habana, uno de los momentos de mayor carga simbólica. 

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El reparto de 5000 polvos de talco que entrega el Ayuntamiento capitalino —que los participantes se tiran entre sí, empolvándose de arriba abajo, en recuerdo de una secreta secta cubana del siglo XIX, el “Ñañiguismo”— se realiza a primera hora de la tarde en la Avenida de Los Indianos y hasta la madrugada del martes continúan las actuaciones de diferentes grupos en la Plaza de La Alameda y en el Recinto Central del Carnaval. Finalmente, La Palma se llena de Cuba y el recuerdo de la fiesta los lleva a abrazarse de nuevo al año siguiente, como les sucede a los amantes que no se olvidan.