Observar aves en las Islas Canarias es una experiencia accesible para todos. La biodiversidad acompaña al viajero desde la costa hasta las cumbres y convierte al archipiélago en un destino que sorprende por la variedad de paisajes y especies concentradas en tan poco territorio.
Litorales
Las zonas costeras de las Islas albergan una gran diversidad de aves marinas, algunas con poblaciones muy reducidas a escala europea. La navegación entre islas durante el verano, o simplemente la observación con telescopio desde cabos y salientes costeros, puede deparar avistamientos memorables: la pardela cenicienta (Calonectris borealis), la pardela chica macaronesia (Puffinus baroli) o la pardela pichoneta (Puffinus puffinus). También es posible observar petreles de Bulwer (Bulweria bulwerii) y varias especies de paiños, como el paiño de Madeira (Oceanodroma castro), el paiño común (Hydrobates pelagicus) o el escaso paiño pechialbo (Pelagodroma marina), que tan solo se reproduce en los islotes del norte de Lanzarote.
En los últimos años, el calentamiento y la tropicalización de las aguas del archipiélago han favorecido la presencia creciente de aves marinas tropicales, entre ellas el rabijunco etéreo (Phaethon aethereus), que recientemente ha comenzado a reproducirse en El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura.
Zonas áridas y desérticas
Las zonas áridas próximas a la costa —muy características de Lanzarote, Fuerteventura y las vertientes sur de Gran Canaria— forman amplios llanos pedregosos o arenosos, con vegetación escasa, precipitaciones mínimas y una fuerte insolación. Estos paisajes de aspecto casi desértico acogen a algunas de las aves más emblemáticas de estos ambientes: la hubara (Chlamydotis undulata), el corredor sahariano (Cursorius cursor), el camachuelo trompetero (Bucanetes githagineus), el alcaraván (Burhinus oedicnemus) y el bisbita caminero (Anthus berthelotii).
Las mejores zonas para observarlas —muchas de ellas extraordinariamente miméticas— se encuentran en los llanos de Tindaya y el Jable de Jandía en Fuerteventura, así como en los Llanos de Famara en Lanzarote.
Barrancos
Los barrancos de mediano y gran tamaño han modelado la orografía de las Islas y albergan especies de gran interés para los observadores de aves. En Fuerteventura, los barrancos de La Torre y Río Cabras son idóneos para la observación del tarro canelo (Tadorna ferruginea), la tórtola senegalesa (Streptopelia senegalensis) y la rara tarabilla canaria (Saxicola dacotiae), endemismo exclusivo de la isla.
En Lanzarote, el barranco de Tabayesco ofrece refugio, entre los cultivos cercanos, a algunas de las escasas parejas de la subespecie oriental de herrerillo canario (Cyanistes teneriffae degener).
En Tenerife, los barrancos del macizo de Teno albergan en sus grandes paredes rocosas varias parejas de halcón tagarote (Falco peregrinoides), variedad norteafricana del halcón peregrino (Falco peregrinus) que se extiende desde Pakistán hasta las Islas Canarias.
Medianías y bosques termófilos
Las zonas medias de las Islas estuvieron antaño cubiertas por densos bosques de dragos (Dracaena draco), palmeras canarias (Phoenix canariensis), sabinas (Juniperus turbinata) y diversas especies de árboles y arbustos leñosos con frutos carnosos. Con la llegada de los primeros pobladores, buena parte de estos bosques fue talada y sus tierras transformadas en áreas de cultivo o asentamientos.
Hoy en día solo permanecen reducidos fragmentos de bosques termófilos, las formaciones cálidas y secas propias de las medianías, con sus mejores representaciones en Tenerife y en el norte de Gran Canaria. Estos enclaves son lugares idóneos para observar paseriformes como la curruca cabecinegra (Curruca melanocephala), el mosquitero canario (Phylloscopus canariensis) y el canario (Serinus canaria), pariente silvestre del conocido canario de jaula y endémico de Azores, Madeira y Canarias.
Bosques de laurisilva
En las islas más altas y montañosas, las vertientes norte están expuestas a los vientos alisios, cuya humedad constante permite el desarrollo de densos bosques de laurisilva con aspecto de selva subtropical. El Parque Nacional de Garajonay en La Gomera, los parques rurales de Teno y Anaga en Tenerife y las cumbres de San Andrés y Sauces y Barlovento en La Palma son algunas de sus mejores representaciones.
Estos bosques constituyen el hábitat de especies singulares y amenazadas, como la paloma rabiche (Columba junoniae) y la paloma turqué (Columba bolli). También albergan varios paseriformes, entre ellos el reyezuelo de Tenerife (Regulus regulus teneriffae), endémico de la isla, y el pinzón canario (Fringilla canariensis).
Pinares
Las laderas de las vertientes sur, más áridas, y las cumbres situadas por encima de los mil metros son el dominio de los bosques de pino canario (Pinus canariensis), una conífera exclusiva del archipiélago que ha evolucionado desarrollando una corteza capaz de resistir los incendios, ya fueran provocados en el pasado por la actividad volcánica o, en la actualidad, por descuidos humanos.
El pinar es un hábitat extremo donde sobreviven pocas especies, todas ellas muy adaptadas a los fríos inviernos y a los veranos intensamente secos. La vegetación y los invertebrados propios de estos ambientes son la base del alimento de aves tan raras como el pinzón azul de Tenerife (Fringilla teydea) y el pinzón azul de Gran Canaria (Fringilla polatzeki), así como de las dos subespecies de pico picapinos (Dendrocopos major) presentes en las Islas.
Algunos de los mejores lugares para observar estas especies son el Parque Natural de la Corona Forestal en Tenerife y los montes de Pajonales, Inagua y Pilancones en Gran Canaria.
Alta montaña
Las zonas de alta montaña se localizan únicamente en Tenerife —en el Parque Nacional del Teide— y en La Palma —en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente—, donde se superan los 2.000 metros de altitud. Aquí dominan los retamares (Spartocytisus supranubius) y codesares (Adenocarpus viscosus), plantas capaces de soportar condiciones extremas y que alcanzan su efímero esplendor a finales de la primavera, cuando el clima permite su floración.
Estos matorrales de altura atraen a los escasos habitantes alados de estas cumbres y constituyen una fuente fundamental de alimento para los grandes bandos de vencejo unicolor (Apus unicolor).
Diez lugares imprescindibles para la observación de aves
- Llanos de Famara (Lanzarote).
- Salinas del Janubio (Lanzarote).
- Barranco de La Torre (Fuerteventura).
- Parque Natural de Jandía (Fuerteventura).
- Pinares de Inagua (Gran Canaria).
- Parque Rural de Teno (Tenerife).
- Pinares de La Orotava (Tenerife).
- Parque Nacional de Garajonay (La Gomera).
- Barranco de Los Tilos (La Palma).
- Mencafete (El Hierro).
Consejos para planificar tu viaje
Mejor época para la observación de aves
La observación de aves en las Islas Canarias es posible durante todo el año, aunque ciertas fechas ofrecen mejores oportunidades según el tipo de especie:
- Aves nidificantes terrestres: de abril a junio, cuando la actividad reproductora es máxima.
- Aves marinas en migración: de agosto a octubre, coincidiendo con el paso posnupcial.
- Aves raras accidentales: sobre todo en octubre y noviembre, meses en los que suelen registrarse llegadas de especies divagantes.
Duración recomendada del viaje
Lo ideal es planificar un recorrido de 7 a 10 días que incluya las islas de Fuerteventura o Lanzarote, Gran Canaria, Tenerife y La Gomera. Combinar estos destinos permite cubrir todos los hábitats principales y garantizar la observación de la mayoría de las especies de interés.
Transporte
Vuelos
Las Islas Canarias cuentan con vuelos directos diarios desde numerosas ciudades europeas y africanas, además de una amplia red de vuelos interinsulares que conecta rápidamente todas las islas.
Ferris entre islas
Las rutas en ferry no operan con la misma frecuencia que los vuelos, pero resultan especialmente interesantes para los observadores de aves. Las rutas entre Tenerife y La Gomera o Fuerteventura y Lanzarote permiten disfrutar del avistamiento de pardelas, petreles y paiños durante la navegación, sobre todo en los meses de migración.
Transporte terrestre
El transporte público se limita a autobuses y taxis, y no siempre llega a las zonas clave para la observación de aves. Por ello, se recomienda alquilar un vehículo para tener mayor libertad de movimiento o bien planificar cuidadosamente los itinerarios a pie según los horarios de autobuses.
Alojamientos
Todas las islas ofrecen una amplia variedad de alojamientos, desde albergues para senderistas hasta hoteles de cinco estrellas. Una opción especialmente recomendable es alojarse en casas rurales situadas en las zonas agrícolas de las medianías de las islas, donde existe gran diversidad de precios y actividades complementarias: rutas a pie, paseos a caballo, buceo, parapente, entre otras.
Además de ofrecer tranquilidad y cercanía a la naturaleza, estas estancias contribuyen a dinamizar las economías locales y fomentan un modelo turístico más respetuoso con el entorno.
Qué comer
La gastronomía canaria es otro de los grandes atractivos del viaje. Entre sus platos más representativos destacan las carnes de conejo o cabra en salsa, el cerdo y el pollo asados a la leña y los pescados frescos preparados de múltiples formas.
Las papas arrugadas, elaboradas con variedades locales únicas, y las frutas de origen tropical completan una cocina llena de contrastes y sabores intensos. Todo ello marida especialmente bien con los vinos locales, ampliamente reconocidos a nivel internacional.
Servicios de guías ornitológicos
En todas las islas existe una notable oferta de empresas especializadas en turismo de naturaleza: senderismo, observación de cetáceos, astronomía y, en algunos casos, rutas ornitológicas de uno o varios días.
Para quienes desean una experiencia más completa, contratar un guía experto es una excelente manera de mejorar las observaciones y conocer los mejores puntos de cada isla.