Cetáceos felices: cómo avistarlos sin perturbar sus vidas

Más de 30 especies de cetáceos diferentes concentradas en sus aguas hacen de las Islas Canarias un lugar único en el mundo para la observación de cetáceos. Durante las salidas de avistamientos se pueden ver en un día hasta nueve especies diferentes. Pero, ¿cómo compaginar el interés que genera su observación con el bienestar de estos mamíferos marinos?

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Las Islas Canarias son un paraíso para la biodiversidad: en ellas se pueden encontrar 30 especies de cetáceos. Esta gran riqueza hace que Canarias sea un lugar único en el mundo. Su localización geográfica y las características oceanográficas posibilitan esta amplia diversidad de cetáceos, hasta tal punto que es posible observar hasta nueve especies en un solo día, algo que ocurre en pocos lugares del mundo. Durante las salidas de avistamientos se pueden ver regularmente el calderón tropical, el calderón gris, el cachalote, el delfín mular, el delfín moteado del Atlántico, el rorcual tropical y los zifios.

Encontrar ballenas, delfines, cachalotes y zifios en esta pequeña superficie del océano supone un atractivo turístico de primer orden. ¿A quién no le gusta verlos de cerca? Porque, definitivamente, la magia que se produce cuando la aleta de cualquiera de estos magníficos animales asoma sobre la superficie del agua es insuperable. Pero también supone un reto: ¿cómo compaginar el interés que genera su observación con el bienestar de estos mamíferos marinos?

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Estas especies están protegidas por la normativa autonómica, nacional y europea, así como por convenios ratificados por el Estado español como el de Bonn y Berna. De hecho, en las Islas Canarias existen varias Zonas de Especial Conservación (ZEC) de la Red Natura 2000.

«Varias especies son oceánicas, raras y poco conocidas globalmente. Sin embargo, debido a su proximidad a la costa, en las Islas son fácilmente accesibles, lo que convierte al archipiélago en un laboratorio ideal para la investigación y conservación de este grupo de mamíferos marinos», recuerda Vidal Martín, director de la Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario (SECAC).

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Elsa Jiménez, directora de la Fundación Cram, entidad privada sin ánimo de lucro dedicada a la protección del medio marino y de las especies que lo habitan, comenta que «la saturación de embarcaciones en lugares donde habitan los cetáceos puede afectar a su vida. Por ejemplo, su comunicación puede verse perjudicada porque utilizan el sonido, y el ruido de los motores distorsiona sus “mensajes”». También pueden padecer estrés y, aunque parezca mentira, sufrir colisiones con todo tipo de naves, desde un ferry a un velero.

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Para preservar este paraíso es importante realizar un turismo responsable. Por este motivo, en Canarias, todas aquellas empresas que realizan avistamientos responsables tienen el distintivo de «Barco azul». Esta bandera, de color amarillo con el logotipo «Barco azul» en el interior, certifica que cumplen con la normativa vigente relacionada con la actividad de avistamiento responsable.

Esta normativa prevé que los barcos no se acerquen a los cetáceos durante la navegación y mantengan una distancia mínima de 60 metros. También tienen que apagar el motor si los animales están muy cerca. Está prohibido bañarse con los cetáceos, alimentarlos y/o realizar cualquier tipo de interacción como, por ejemplo, tocarlos.

Además, si hay concentraciones de barcos, las medidas de seguridad tienen que ser más estrictas dejando que los animales puedan continuar con su actividad normal (desplazamiento, alimentación, etc.).

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Para garantizar el bienestar animal es importante elegir empresas que cuenten con la bandera de «Barco azul». Estas actividades permiten concienciar sobre la importancia de conservar nuestro mar y sus habitantes. 

«En definitiva —concluye Jiménez—, se trata de respetar el entorno en el que viven». Y eso pasa por seguir las pautas como las que se marcan los portadores del sello «Barco azul», pero también por detalles tan simples y aparentemente obvios para los turistas como no usar el océano como papelera. Porque, al fin y al cabo, el turismo respetuoso con el medioambiente empieza por uno mismo.