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9 pecios de Gran Canaria que enamoran a los buceadores

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Un trocito de historia para amantes del buceo, pero también de los misterios del mar

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Los pecios son, sin duda, uno de los grandes atractivos de la isla de Gran Canaria para los buceadores. Este término, habitual en su jerga y a menudo desconocido para el gran público, hace referencia a los restos de barcos que han naufragado y que descansan en las profundidades marinas, dando lugar a un espectáculo de gran belleza que oculta una gran variedad de flora y fauna. Los pecios configuran, además, paisajes submarinos hermosos e inspiradores, que nos hablan de tesoros ocultos y de tragedias entre olas que nos invitan a viajar en el tiempo. Gran Canaria cuenta con numerosos pecios que día tras día enamoran a los buceadores, y cada uno de ellos tiene una historia que nos demuestra que la realidad supera la ficción en más ocasiones de las que creemos.

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Fue el vapor a flote más grande que navegó con bandera española hasta la fecha. Salió del puerto de Cádiz con destino a Cuba en 1885 cargado de monedas destinadas a las fuerzas militares que en aquellos momentos se hallaban en la isla. Nadie entendió cómo un capitán experimentado y veterano pudo hacer que el navío se encallase en la Baja de Gando, un poderoso arrecife de sobras conocido por los marinos que todavía hoy, en pleno siglo XXI, continúa dando problemas incluso a los más avezados. La historia no puede ser más novelesca: cajas repletas de monedas de oro se esparcieron por el fondo marino, y la compañía contrató a diversos buzos para que las recuperasen. Todas menos una, que según la leyenda continúa en las profundidades del océano y sigue siendo un sueño para muchos buceadores. Se non è vero…

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Este navío que transportaba 12.000 toneladas de hierro naufragó en 1986 a unos 900 metros al norte del muelle de La Esfinge. Pese a que en ocasiones la visibilidad es escasa, el buque aún contiene la carga de hierro, aunque su flora y fauna son menos espectaculares que las de otros pecios. La dificultad de inmersión suele ser alta a causa del oleaje, y en ocasiones se pueden avistar delfines, ballenas y otros cetáceos.

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Este carguero se hundió al sufrir un incendio a bordo cuando venía navegando desde el sur, y pese a los intentos del capitán fue imposible llevarlo a puerto. Conserva en buen estado las bodegas y las superestructuras, y muestra una bonita variedad de flora y fauna.

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Conocidos como los pecios del Mogán, estos son probablemente los más concurridos de la isla. Se encuentran apenas a 40 metros de distancia entre ellos, cerca de la marina del puerto del Mogán, y son de una extraordinaria belleza pese a no esconder ninguna historia de botines viajando a ultramar: Cermona II y Pecio Viejo fueron hundidos deliberadamente para fomentar el buceo en Gran Canaria. La gran visibilidad, la cercanía a la costa y sus 21 metros de profundidad máxima permiten el buceo para principiantes, que disfrutan día tras día de dos hermosas y fotogénicas reliquias con una gran cantidad de flora y fauna. 

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El acceso a Kalais está totalmente restringido desde 2012, pero este buque construido en 1948 ha sido durante muchos años la estrella indiscutible de los fondos marinos en la isla. Al parecer, naufragó debido a un fuerte temporal de viento en 1979. Ubicado en el muelle de La Esfinge, sus restos se encuentran a 36 metros de profundidad junto a los de otros pecios cuyo acceso está también prohibido como el Deborah (también conocido como Pequeño Kalais) o el popular Frigorífico, también llamado Korsakov.

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Este viejo pesquero de arrastre de unos 30 metros de eslora se halla en las inmediaciones de Mogán y se encuentra a 47 metros de profundidad, por lo que solo es apto para aquellos buceadores experimentados, ya que las corrientes pueden ser ocasionalmente fuertes. Se ven bancos de roncadores, barracudas, medregales, rayas y angelotes de gran tamaño.

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Este buque a vapor británico fue capturado por los alemanes durante la Primera Guerra Mundial y saboteado en 1916 para que no pudiera ser recuperado por los aliados. La parte central fue dinamitada para poder hundir el barco, y en la actualidad se encuentra a treinta metros de profundidad frente a la playa de Las Gaviotas.

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Este pesquero coreano fue abandonado en los muelles del Puerto de Las Palmas y se hundió en 1979, un fenómeno que no era demasiado extraño en la época: en las últimas décadas del siglo XX, numerosos barcos acababan sus días amarrados al muelle y convertidos en una suerte de viviendas sobre el mar. Se encuentra a 55 metros de profundidad, de manera que se recomienda el acceso solo a buceadores muy experimentados.