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15 May 2017

La importancia de este municipio lanzaroteño dentro de la historia de Canarias es extraordinaria. Teguise tiene gran relevancia por ser atalaya, lugar desde donde se pueden divisar las temidas incursiones piráticas. Con un casco histórico monumental, la Villa de Teguise es núcleo del municipio y, debido a su legado histórico, su urbanismo y arquitectura se han preservado gracias a su declaración como Conjunto Histórico Artístico.

Vista desde la ermita de San Rafael, Teguise, Lanzarote

Hace aproximadamente unos 600 años que Maciot de Bethencourt bautizó el poblado aborigen La Gran Aldea de Acatife con el nombre de Real Villa de Teguise y así nació la primera capital de Lanzarote y tercera ciudad fundada en Canarias tras la conquista, después de Rubicón y Betancuria. Tras el periodo normando, los señores castellanos la convertirían en el centro de Canarias, transformándose en Noble y Señorial, primero con la dinastía Bethencourt y más tarde con los Herrera.

Pero, sin bien la Muy Noble y Señorial Villa de Teguise tiene todo el derecho a estar presente en la Historia -con mayúsculas- de Canarias, no menos cierto es que las múltiples y curiosas historias de sus lugareños, señores, reyes, princesas, parroquianos, visitantes o piratas, la convierten en un lugar lleno de encanto, de misterio y de interés para propios y extraños.

Calle Herrera y Rojas, Teguise, Lanzarote

Un paseo por el casco histórico de Teguise traslada a los visitantes a varios siglos atrás, tiempos de gobierno insular, señoríos y poder eclesiástico, para descubrir sus callejones, arquitectura y entorno, pero también los hornos de cal, el Jable y la ermita de San Rafael y algunos personajes históricos muy llamativos.

Horno de cal, Teguise, Lanzarote

Medio envuelta en la leyenda, la historia de la princesa Teguise, hija de Guardarfía, último rey aborigen de la isla y de su romance y descendencia con Maciot de Bethencourt, heredero del conquistador normando Jean de Bethencourt, sigue conservando a día de hoy un cierto misterio por la ausencia de documentos que demuestren y validen fehacientemente su verdadera historia, aunque las tradiciones populares y, al parecer, el linaje aborigen continúen hasta nuestros días en vigor. De sus desventuras amorosas, destierros y descendencias se cantan coplas y se escriben relatos, y no falta quien investigue las conexiones entre las islas atlánticas a través de este personaje tan relevante en los años de la conquista de Canarias.

Plaza Nueva con iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, Teguise, Lanzarote

Una de piratas

De las sucesivas incursiones piráticas y las razzias llevadas a cabo en las costas de África sí se tiene documentación, y es el Morato Arráez, corsario otomano de origen albanés, el que perpetró el mayor azote pirático que haya sufrido Lanzarote en su historia. De joven, Morato Arraéz se enroló en barcos piratas y aprendió el oficio de la mano del temible Barbarroja, y en el año 1586 protagonizó uno de los ataques más virulentos de cuantos ha padecido la isla, obligando a parte de la población a refugiarse en la Cueva de los Verdes huyendo de la masacre que llevó a cabo en el pueblo. Llegó a correr tanto la sangre en una de sus calles que hasta hoy la conocemos por “Callejón de la Sangre”. Con este rocambolesco nombre se conserva la memoria de aquel hecho que tiñó de dolor la historia del pueblo y que también ha servido de inspiración para el relato literario o las historias para no dormir que se cuentan en las acampadas.

Callejón de la Sangre, Teguise, Lanzarote

Teguise tiene un enclave arquitectónico anclado en los siglos XVIII y XIX, ya que al ceder la capitalidad insular a Arrecife en 1852, deja atrás el crecimiento y el poder de siglos anteriores. La gran crisis económica de esos años hizo que su desarrollo urbano se detuviera, manteniendo así uno de los más pintorescos y mejor conservados cascos históricos de las Islas Canarias. Caminar por sus calles llenas de historia, conocer sus casas y personajes históricos supone un repaso al pasado de Lanzarote.

Casa Parroquial, Teguise, Lanzarote

En esos tiempos, el desarrollo urbano de la Villa tuvo el propósito de concentrar todas las funciones importantes que exigía una isla de señorío. El castillo de Santa Bárbara, la Casa del Marqués, la parroquia, el convento, los palacios y sus viviendas, la iglesia de la Veracruz o la ermita de San Rafael son construcciones de la época. Desde este último lugar de extraordinaria calma podemos contemplar una maravillosa vista de la Muy Noble y Señorial Villa de Teguise a la que le quedan todavía muchas historias que contar.

Plaza Reina Ico, Teguise, Lanzarote

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