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24 Abr 2017

Cartel rutas junto al volcán Teneguía

Hace menos de medio siglo que de los volcanes de Fuencaliente, concretamente del Teneguía, aún brotaba lava. La Palma se extendió en forma y color. Su estela, unida a la que ya había dejado el San Antonio siglos atrás, formó ese universo rojo y negro que hace olvidar al visitante que está en la llamada “isla verde”.

Aquí acaba, o empieza según se mire, la llamada Ruta de los Volcanes, que atraviesa la dorsal de la isla por las crestas de Cumbre Vieja. Caminando hacia los cielos entre terrenos que parecen hacer un repaso geológico de la historia de Canarias. Una ruta larga pero fascinante, aunque, si no se tienen las piernas o el tiempo para enfrentarse a su recorrido desde el Refugio del Pilar, con la ruta de poco más de 5 kilómetros que atraviesa los dos volcanes mencionados bastará para hacerse una idea de la fuerza de la tierra en este rincón del Atlántico.

Senderistas descendiendo desde el volcán San Antonio

Desde el volcán San Antonio hasta el faro se atraviesan arenas negras y rocas que quedaron petrificadas con la forma que en su día tuvieron los ríos de fuego que bajaban hacia el mar. Por un sendero suave y silencioso, tan solo cortado por el viento que azota estas latitudes de la isla, uno se siente inmerso en otro planeta. El rojo y el negro, a pesar de su tosquedad, guardan una belleza difícil de explicar.

Centro de visitantes de San Antonio

Elegir el San Antonio como punto de partida para la ruta tiene, además de la ventaja añadida de hacer el sendero siempre en descenso, el aliciente de su centro de visitantes. Un completo espacio, inserto prácticamente en el volcán, que hace un repaso a toda la historia volcanológica de las islas, con especial énfasis a La Palma y, por ende, a estas dos siluetas siempre presentes en el horizonte de Fuencaliente.

Carteles de los senderos junto al volcán San Antonio

Desde allí se puede circundar también el cráter y descubrir, de nuevo, cuán fuerte es la naturaleza en estos lares. Allá abajo, en lo profundo de la hondonada formada por las explosiones de antaño, brotan ya pinos de tamaño considerable. Un respiro de verde que contrasta con el negro de la arena y el picón de los alrededores.

Caminando hacia el volcán Teneguía

Precisamente desde lo alto del volcán San Antonio, en esa corona que se eleva por encima de los 650 metros, se divisa a la perfección la forma que en 1971 dejó el Teneguía. Una gran postal, con el azul del mar de fondo y el verde de los pinares de Fuencaliente si se echa la vista a la espalda. Sin embargo, si se quiere conocer de cerca el que es, hasta la fecha, el volcán más joven de las islas, habrá que emprender la caminata.

Arbusto en el terreno volcánico

Un paseo suave entre picón que circula siempre cuesta abajo, dejando vistas incomparables de esa costa negra hasta el mar. Esa última frontera insular. Estamos en el punto más al sur, donde se puede observar cómo se unen las corrientes en el vértice de la isla. Ese último saliente de tierra tras el faro en el que brilla el blanco de las salinas, otro de los lugares de visita obligada en La Palma (final perfecto del paseo si se llega al atardecer).

A mitad de camino toca desviarse del sendero. Subir unos pocos pasos hasta el cráter del Teneguía, mucho más estrecho y escarpado que el anterior. Aún se siente aquí el calor de esa erupción que es tema habitual en las batallitas de los mayores que la vivieron.

Vista de arenas negras y el mar en Fuencaliente

Camino hacia el faro

Después de la parada de rigor, a la sombra de las rocas es buen lugar para hacer un descanso, toca emprender el camino hacia el faro. Hacia el mar. En esta parte el sendero se vuelve empinado, bajando por momentos en lo que casi son túneles formados por el capricho de la lava, y visualizando cada vez más de cerca la figura esbelta del torreón, las salinas y la pequeña playa aledaña.

Sendero una vez pasado el volcán Teneguía

Al llegar vuelve a llamar la atención el contraste de colores, con el verde brillante de pequeños arbustos que, al igual que los pinos del cráter del San Antonio, se han abierto paso entre la caliente arena negra. Ya se observa de cerca el faro, desde allí ya solo quedan unos pasos hasta verlo desde la base, elevado sobre su característico pie rojo y blanco.

Salida de la Transvulcania

Esta ruta tiene además un aliciente para los amantes del deporte, ya que en el faro de Fuencaliente se sitúa el punto de partida de la Transvulcania. Esa carrera que recorre más de 80 kilómetros por las cumbres de la isla, y que solo es apta para superhombres y supermujeres. El senderista común quedará incrédulo sólo de pensar que ese recorrido, que con calma habrá llevado un par de horas cuesta abajo, los atletas lo completan en tan solo unos minutos cuesta arriba.

Faro de Fuencaliente

Es desde allí cuando en plena noche, esa noche de mayo marcado en rojo en el calendario deportivo, parten miles de luces blancas y rojas en busca de la gloria y de hacer historia en el deporte palmero. Es en ese faro donde se mezcla lo milenario y lo geológico con lo moderno. El deporte y el senderismo con la ciencia y la geología. La naturaleza y la roca con la mano del hombre.

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