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06 Mar 2017

Cruzar navegando el estrecho de la Bocaina nos brinda la posibilidad de descubrir uno de los enclaves más espectaculares de nuestra geografía insular. Pequeño y discreto pero intenso y singular, un tranquilo islote entre la costa norte de Fuerteventura y el sur de Lanzarote es, sorprendentemente, crisol de culturas, naturaleza, historia, flora y fauna, geología, etnografía y tantas cosas más que su visita es, desde todo punto de vista, imprescindible e inolvidable.

Puertito de Isla de lobos

Desembarcar en el pequeño muelle por el que accedemos al Parque Natural del Islote de Lobos ya supone una entrada en la quietud: no hay carreteras, ni vehículos a motor, simplemente unos senderos bien delimitados que nos conducen a los lugares de visita de la isla que cuentan, además, con indicaciones del tiempo que podemos tardar en recorrerlos. El Centro de Interpretación de Isla de Lobos, a escasos metros del embarcadero, nos ofrece toda la información necesaria para que nuestra visita sea completa; un pequeño “museo” en el que podemos descubrir los secretos de este territorio insólito antes de iniciar la marcha. La detallada maqueta que se encuentra en este lugar nos permite tener una visión total del espacio único que tendremos el privilegio de disfrutar. Sólo queda proveernos de agua y hacer camino al andar.

Haciendo camino en el Islote de Lobos

Cualquiera de los senderos que tomemos nos sorprenderá intensamente por la facilidad con la que podemos acceder a los lugares de visita y por la paz y tranquilidad con la que los visitantes hacen sus excursiones a pie. Es el lugar ideal para hacerlas con niños, puesto que los caminos son muy cómodos de transitar y las distancias muy cortas. La experiencia en cambio es grande e inolvidable. Acercar a los más jóvenes al pasado de nuestras islas es muy fácil si visitamos este enclave. Hay mucho que ver y mucho que contar en un espacio tan corto que la intensidad experimentada es evidente, así que recordarán este visita de manera especial.

Puertillo Isla de lobos

Andando, paseando, deteniéndonos a contemplar el paisaje, observando la flora y la fauna, respirando la pureza de su aire, oliendo la brisa del mar y disfrutando de la calma del entorno, en apenas unas horas ya habremos visitado la pequeña isla al completo, de sur a norte y de este a oeste. Desde la Playa de la Concha y las Salinas de la Calera hasta el Faro de Martiño, y desde Las Lagunitas del Puertito al Volcán de la Caldera. Vistas, lugares, playas y espacios protegidos que nos permiten entrar en contacto con la naturaleza. La elevada biodiversidad, con endemismos únicos (como la siempreviva de Lobos), la presencia de aves marinas y migratorias, los elementos etnográficos como las salinas, los hornos de cal o el Faro de Martiño, los yacimientos paleontológicos que nos remontan hasta el siglo I a. C., a la época de los romanos que extraían de la isla el tinte púrpura tan preciado, o el nacimiento de la escritora Josefina Pla, son algunos de los hitos de este pequeño islote de poco mas de 4 km2, a escasos dos kilómetros de distancia de la costa de Corralejo en Fuerteventura y a ocho de Playa Blanca, en el sur de Lanzarote: un paraíso inigualable.

Vistas desde Islote

La quietud y la calma del entorno sólo se ve perturbada por la presencia de aves marinas, lagartos, musarañas y conejos y, entre las 10 de la mañana y las 6 de la tarde, por los numerosos turistas que lo visitan en las excursiones que, muy bien organizadas, parten desde los puertos de Playa Blanca y Corralejo.

Después de conocer todas las singularidades terrestres de este maravilloso lugar no podemos dejar pasar la imperiosa necesidad de sumergirnos en el mar. El baño en cualquiera de sus playas es casi obligatorio porque resistirse a la tentación de sus aguas turquesas es prácticamente imposible. La perfecta comunión con la naturaleza se puede alcanzar sólo con permanecer en silencio y adentrarse lentamente en el mar. Por mucho que queramos expresar lo que sentimos en ese momento, nos faltarán las palabras. No existen términos que puedan expresar la inigualable sensación de estar, simplemente estar. Tumbarnos al sol, dejarnos acariciar por la brisa atlántica, respirar profundo y sentir que formamos parte de la energía que nos envuelve.

Playa de la concha, Isla de lobos

Saber que tenemos que abandonar el islote puede ser la puerta abierta a la tristeza, pero también nos queda la seguridad de que podremos volver en cualquier momento del año a disfrutar de este remanso de paz y quietud, de naturaleza, sol, brisa, océano e historia.

Si la visita a pie por la isla no fuera suficiente para disfrutar de un día pleno, la podemos combinar con una excursión de buceo en varios lugares próximos a la costa. Bajo las cristalinas aguas de la bahía podremos observar la vida submarina de este enclave sin igual que nos ofrece una visión vibrante de la vida submarina. Es una experiencia única: la sensación de entrar en un mundo tan diferente y tan fascinante como el marino hará que nuestra visita al islote de Lobos sea inolvidable. 

Islote de lobos desde el barco

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